Efesé Historia

La Maldición de Oak Island

Como curioso de la historia que soy suelo hacer zapping por cierto
 canal de televisión temático, bastante famoso, dedicado en exclusiva
 a dicha materia. En el referido canal, de un tiempo a esta parte,
 vienen anunciando una serie-documental titulada “La Maldición de
 Oak Island”, que narra las peripecias de unos buscadores de tesoros
 en un lugar en el que deben morir siete personas antes de poder 
encontrar lo que sea que estén buscando. O algo así, porque la verdad
 es que al plantear cuestiones más místicas que empíricas el programa
 me ha interesado más bien poco.

Entrando en harina, creo que se intuye fácilmente por qué estoy
haciendo referencia a la citada emisión televisiva. Y es que en Cartagena
 nos podemos reír de la supuesta maldición de Oak Island, al punto de
 que si viniera uno de los protagonistas del programa se quedaría 
sin palabras. Qué disparate todo. La única explicación que se me ocurre
 es que existe un ente encargado de mover los designios del fútbol y seguro
 que hizo la mili aquí, en su vivencia corpórea, le debieron putear de lo lindo
 y nos lo está devolviendo. Con creces, además. Qué manera de recrearse
 sobre la ilusión de toda una ciudad, como el niño que juega en el
 terrario quemando hormigas concentrando la luz solar a través de su lupa.

No lo digo ya por el enésimo fracaso en casa frente al Extremadura, 
sino por lo ocurrido en el Cerro del Espino, con ese gol en propia puerta
 cuando se saboreaba la LFP pasados seis minutos de descuento.
 Si en relación a la población mundial, de forma cómica, se suele comentar 
aquello de que si a cada hombre le corresponden tres mujeres deducimos 
que debe haber algún cabrón por ahí pasándoselo en grande con seis, 
la equivalencia la podemos establecer igualmente en el fútbol. 
En este deporte hay diez penas por cada alegría, dicen, a lo que yo añado
 que en el algún lugar estarán gozándoselo con las que pertenecen a Cartagena.

Portada diario La Opinión
Porque hay sitios gafes y hay sitios que cuentan con estrella. Los cánones decretan
 que el equipo que recibirá gol en el descuento de una final siempre será
 el Atlético y el que lo anote, indefectiblemente, será el Madrid. O Alemania,
 si hablamos de selecciones. Es así
y punto, y aquí somos del primer grupo. La generación de mi padre sufrió 
las tres promociones a principios de los 70s, la siguiente hornada las dos de los 90s,
 la mía la del Córdoba y Vecindario y ahora los más jóvenes cuentan 
cuatro promociones fallidas en un plazo de seis temporadas. Cincuenta años de
 fútbol unidos generacionalmente por la decepción. De hecho lo hablaba
 con un amigo poco después del partido en Majadahonda, “esto es el
 cordobazo millenial”.

Y quisiera terminar poniendo en valor el trabajo del vilipendiado Monteagudo.
 Que gustará más o menos tácticamente, o no estaremos habitualmente de 
acuerdo con sus cambios, o tendrá más o menos carisma, pero los frutos de
 su trabajo están ahí. Cogió al equipo de Víctor y lo metió en Copa, el año
 siguiente fue campeón de invierno y favorito para el ascenso hasta que
 se desinfló, más que nada porque solo se quedó con Arturo de delantero, 
y esta campaña ha sido campeón de grupo, ha llevado al equipo a
 cruzarse con un Primera División en Copa del Rey y se ha quedado 
a segundos de ascender. Lo mínimo exigible lo ha cumplido, al menos para mí, 
y no tendría ninguna duda en lo deportivo para que continuase la temporada 
que viene. Por méritos y también por el trabajo adelantado que supondría 
al continuar, por lo que parece, gran parte de la plantilla.

No obstante, dicho esto, o mucho me equivoco o se deberá ir. ¿La razón?
 La grada, básicamente. Todo lo que no fuese ser líder en la Jornada 5 iba
 a provocar situaciones en el entorno albinegro de difícil gestión. Por no hablar
 de las reflexiones intelectuales del tipo “si sigue Monteagudo no me saco el
 abono” que van a proliferar este verano. Pasó con Aranguren, pasó con Juan Ignacio
 y ahora, aunque más bien desde hace bastante tiempo, al que apunta
 la mirilla telescópica es al manchego. Así es nuestra particular maldición.

FC Cartagena 0-0 Extremadura UD

Otro amargo final

El FC Cartagena acaba a las puertas del ascenso a Segunda División al no pasar del empate sin goles ante el Extremadura - El equipo albinegro se queda sin recursos y sin gol justo cuando más lo necesitaba para dar el salto a la categoría de plata

Otro amargo final
Otro amargo final
Otro amargo final
Otro amargo final

FICHA DEL PARTIDO

  • FC Cartagena: Pau Torres, Óscar Ramírez, Jesús Álvaro, Zabaco, Josua Mejías, Diego Benito (Rubén Cruz, 61), Aitor Ruibal, Chavero, Aketxe, Owusu (Hugo Rodríguez, 46) y Gaspar (Mousa, 75).
  • Extremadura: Manu. Alex, Aitor, Pardo, Borja, Alex B. (Miranda, 93), Jairo (Rubio, 83), Zarfino, Enric, Kike Márquez y Valverde (Willi, 75)
  • GOL: {goles}
  • ÁRBITRO: Soto Grado, del colegio riojano. Amarilla a los jugadores locales Gaspar, Benito. Roja directa, por lo que fueron expulsados, Rubén Cruz y Chavero y amarilla a los visitantes Pardo y Enric Gallego.
  • ESTADIO: Municipal Cartagonova. 13.517 espectadores.
Tristeza y decepción es lo que se llevó la afición del FC Cartagena del estadio Cartagonova en el encuentro más importante vivido en las tres últimas temporadas: el que le podía dar el ascenso a Segunda División. El equipo cartagenerista empató sin goles y por tanto el Extremadura se llevó el gato al agua gracias al 1-0 que traía del partido de ida.
El equipo cartagenerista tenía todas las fuerzas y los sentidos puestos en este partido, pero quizá llegaba al mismo en el peor momento de la temporada: lastrado por las lesiones (Cordero, Moisés y Cristo Martín) y por las sanciones (Sergio Jiménez), además de en unas condiciones físicas casi al límite que han impedido ver la mejor versión de este Cartagena.
Si a estos factores añadimos que su tándem goleador, Rubén y Aketxe, se van con un gol solamente en este tramo final, podemos concluir que muchas cosas se tenían que dar bien para doblegar al Extremadura. El bloque dirigido por Sabas -el cuarto técnico que ha pasado por el banquillo azulgrana esta temporada-, llegaba más entero a la eliminatoria, dio la cara en Cartagena y contó con sus oportunidades en ataque para haber anotado. Además de no ser nunca un equipo miedoso, supo jugar muy bien sus armas de medio campo hacia atrás y se marcha por la puerta grande del Cartagonova, con un ascenso en el bolsillo tras una temporada convulsa para ellos.
El campeón del Grupo IV, mientras tanto, masculla sus penas. Alberto Monteagudo se marchó desolado del campo y además con los gritos de un grupo reducido de seguidores (no más de veinte) que le pedía su dimisión tras las dos oportunidades perdidas en el play off -Majadahonda y Extremadura-.
Al equipo cartagenero le ha faltado esa dosis de ambición que todos esperaban para poner el partido de su lado desde el primer momento. Si bien es cierto que lo intentó hasta el último minuto, la sensación que ofrecía es que no lograba trenzar el fútbol necesario para poner en apuros a Manu, portero del Extremadura, y jugaba a oleadas, a empujones, sin ser capaz de meter al rival en su campo y presionarle hasta buscar el error.
El preparador decidió prescindir de inicio de Rubén Cruz y propuso a Aitor Ruibal como media punta. El equipo había perdido profundidad en las últimas ocasiones con los dos delanteros y necesitaba un enganche por delante de los centrocampistas para darle fluidez a su juego de ataque. Además, Owusu saltó al campo como titular en la banda izquierda por Hugo Rodríguez, un aspecto que pudo sorprender a muchos porque el africano no ha terminado de cogerle el aire al equipo y su rendimiento en la fase de ascenso ha sido más bien escaso.
Con esas, el equipo no pudo dominar como hubiera querido porque el Extremadura saltó al campo a morder. Impedía con las líneas muy adelantadas que Chavero retomara el control en medio campo y de ahí que todos los balones tuvieran que ser en largo, sin apenas profundidad.
El conjunto entrenado por Sabas estuvo mejor al comienzo y ya Enric Gallego, el más activo de los visitantes en la primera parte, tuvo la primera al aprovechar un mal pase de Zabaco que el goleador del Extremadura cogió para disparar desde fuera del área y mandarla ajustada al palo derecho de Pau, pero fuera.
El bloque visitante no daba respiro a un Cartagena algo estresado porque no podía coger la manija del encuentro. Kike Márquez lo intentó con un chut al borde del área en una perfecta asistencia de Valverde.
El Cartagena empezó a sacarse la presión al cuarto de hora y Aketxe avisó con un cabezazo a centro de Ramírez que se marchó alto. Los locales cogían el tono del encuentro no sin dificultades y en el 21 Ruibal, atento, corrió a por un balón devuelto al portero Manu. En el control, el balón se le marchó largo y llegó a rematar, pero tenía al cancerbero encima ya.
Lo volvió a intentar el Cartagena desde la derecha con un centro atrás de Aketxe al que no llegó ningún rematador local y Gaspar lo intentó, dos minutos más tarde, con un disparo raso que se marchó fuera por poco.
El Cartagena mejoraba por momentos, pero le faltaba ese punto final de agresividad para anotar.
A siete minutos del descanso fue el momento de nuevo para Enric Gallego, que iba a todas en los balones aéreos. El atacante almendralejense se deshizo en la bombilla del área grande de Mejías con un autopase, aunque Ramírez y Zabaco, que andaban listos, llegaron a tiempo para evitar que el balón fuera para adentro. En la siguiente acción, con saque de esquina, rebote y posterior centro al área, el balón se paseaba sin rematador hasta que de nuevo llegaba a Enric, quien parecía tener un imán en los pies. Su duro disparo se fue fuera por poco.
Al Cartagena le estaba costando demasiado poner el peligro en el área rival, pero llegaba al descanso con todas las expectativas intactas para hacer un gol en la segunda parte con la que, al menos, poder igualar de forma momentánea la eliminatoria.
En la segunda parte el Extremadura empezó a pensar en la renta que traía de su casa, de ahí que el Cartagena consiguiera tocar con más fluidez, pero tampoco ofrecía casi nunca la sensación de que cualquiera de sus ocasiones podía ser gol.
Lo intentó Jesús Álvaro en una arrancada desde el costado con dribling y disparo desde la frontal, pero su chut se fue alto. Luego fue Hugo Rodríguez con un lanzamiento flojo que se marchó fuera.
Monteagudo sacó al césped a Moussa para tratar de fijar a los centrales, buscar el balón de espaldas y con los tres delanteros enganchar algún centro.
En la primera que tuvo el africano cedía perfectamente para Rubén Cruz, que remató con la cabeza quizás cuando tenía más recursos para haber anotado. Fue la suya la mejor ocasión a 13 minutos del final.
Pero el último cuarto de hora el partido no tuvo fluidez, porque el Extremadura ajustó bien y solo en balones largos buscando a sus delanteros el Cartagena podía hacer algo de daño.
El partido acabó con la expulsión de Rubén Cruz por una dura entrada con puñetazo a un rival y la de Chavero, también de fuerte entrada a un contrario, y con la sensación de que se escapa una ocasión única, la segunda en menos de un mes, para dar el salto.
La Opinión

Extremadura UD 1-0 FC Cartagena

El FC Cartagena no tiene otra alternativa que tratar de remontar el 1-0 adverso que trae del encuentro de ida de la última eliminatoria por el ascenso después de caer por la mínima en Almendralejo ante el Extremadura.
Los albinegros necesitan ganar por dos goles de diferencia para superar a un rival que ha llegado mucho más entero a esta fase por el ascenso que el conjunto cartagenero y así se pudo observar en el choque jugado en el Francisco de la Hera.
No solo la calidad, que la tiene y en cantidad, sino la fortaleza física ofrecida por el Extremadura explican en parte que el conjunto almendralejense fuera superior casi desde el minuto cinco de partido. El 1-0 se puede antojar hasta corto por las ocasiones, algunas de ellas muy claras, que tuvo en algunos momentos del encuentro. Aunque hay que decir, para descarga de los de Alberto Monteagudo, que el colegiado Varón Aceitón se comió un gol legal de Aketxe en la segunda parte cuando el asistente señaló un fuera de juego inexistente del goleador vasco.
Pero para saber realmente cuál fue la diferencia entre uno y otro equipo basta con ver la aportación ofrecida por Zarfino en el encuentro de ayer. El uruguayo llegaba enchufado tras los dos goles que marcó ante el Mirandés y su actuación en medio campo fue sobresaliente, por encima de cualquier otro jugador sobre el terreno de juego. Parecía como si con él no fuera el calor sobre el césped o los cientos de minutos sobre las piernas de los jugadores. Estuvo rápido en las anticipaciones, listo en los despliegues de su equipo y poderoso en medio campo. A eso hay que añadir que Kike Márquez ponía peligro en cada balón que mandaba al área y que Jairo es un joven jugador muy desequilibrante por la banda que llevó de cabeza ayer a Óscar Ramírez.
El resultado fue quizá lo mejor que puede extraerse porque el Extremadura lo hizo casi todo bien, incluso para haber encarrilado en casa el ascenso, aunque una gran primera parte de Pau Torres y la suerte en otras acciones en la segunda evitaron el segundo tanto local, que hubiera sido quizá definitivo para la moral de los jugadores cartageneristas.
Si exceptuamos los primeros cinco minutos, donde pudimos ver a un Cartagena que tocaba en corto rápido, desplegaba el balón en largo con criterio o se acercaba con peligro a la meta de Manu García, lo demás fue ya tiempo para los de Sabas.
El conjunto cartagenero llegó con el lastre de la ausencia de Jesús Álvaro por la banda izquierda, un auténtico llegador que tuvo que quedarse en casa. Monteagudo decidió apostar por Michel Zabaco en esa posición, lo que mermó cualquier destello de velocidad por esta zona. Cordero, como estaba previsto, tampoco pudo jugar por estar lesionado y ahí es donde más notó su equipo la ausencia del andaluz. El equipo andaba demasiado partido, con dos jugadores arriba casi aislados y un equipo retrasado cuando saltaba la línea de medio campo.
De esta manera, el Extremadura llegaba bien al área de un Pau Torres que se desgañitaba dando instrucciones a los suyos. Enric Gallego fijaba a los centrales. Con su corpulencia tocaba casi todos los balones y convertía cada acción en una jugada con peligro.
El hecho de estar tan retrasados, y de una buena presión en la salida de balón por parte de los locales provocaba que el Cartagena no tuviera más de tres pases seguidos el balón, no pudiera dominar y su medio campo casi nunca consiguiera opciones de filtrar el balón a sus dos atacantes.
Al cuarto de hora Valverde ya tuvo la primea con un remate de cabeza tras un gran centro de Enric Gallego que se fue fuera por poco. Luego fue Jairo quien lo intentó cuando se encontró un balón que despejó mal Hugo Rodríguez, pero Pau Torres sacó la mano para despejar.
Hugo Rodríguez estaba demasiado retrasado, como Gaspar por lo que el desgaste que tuvieron que hacer en defensa lastró su capacidad ofensiva. Ambos no servían de complemento arriba porque no tenían nunca el balón y perdían por inferioridad.
Antes de cumplirse la media hora de nuevo Zarfino, desde fuera del área, y Gallego, de cabeza pusieron a prueba a Pau Torres.
Pero pese a todo, el conjunto albinegro logró salir un par de minutos de ese dominio al que estaba siendo sometido para apuntar a la portería de Manu García.
En un saque de esquina botado desde la derecha Moisés remataba en plancha de cabeza y en el camino el balón se encontraba la bota de Aketxe, quien tocó sutilmente para mandarla adentro. Mala suerte la suya, porque el balón fue al palo y el portero reaccionó rápido, antes de que volviera a tocarla el vasco.
Ahí la tuvo el Cartagena en su única aproximación con peligro. Un gol hubiera supuesto un baño de agua fría para los extremeños.
Pero en el tiempo añadido -el colegiado dio cinco minutos al haber detenido el partido para que los jugadores se hidratasen-, una falta botada por Márquez al segundo palo encontró la cabeza de Pardo, quien la picó para mandarla al fondo de la red a pesar de que Pau tocó con su manopla.
En la segunda parte el partido no cambió nada. El Extremadura achuchaba a sabiendas de que el Cartagena no tenía las ideas claras y buscaba el segundo gol que les pusiera en el camino de Segunda. Enric Gallego probó a Pau en el 47 en un errores defensivo en el saque de la pelota. Quique Márquez la tuvo más clara en el 50 con un mano a mano tras pérdida de Benito en medio campo. Se plantó solo, remató y se marchó al palo. Gallego la recogía y a bocajarro, con todo para mandarla a la red, Mejías se interpuso para tocarla y enviarla a saque de esquina.
El Cartagena hacía aguas en la salida de balón, ya no le faltaba nada más para sucumbir, pero Monteagudo dio entrada a Zalazar y Ruibal para buscar más control en medio campo y algo de velocidad por banda. El bloque albinegro mejoró, no mucho, pero sí algo. Ruibal centraba a Aketxe quien no pudo rematar y reclamó penalti y luego lo intentó con una acción personal y disparo raso que se fue fuera por poco. En el 80 el colegiado anuló un gol por fuera de juego -las imágenes en televisión decían que no lo era- y el Extremadura no achuchó más, ante el paso adelante de los albinegros.

El Extremadura se llevó el primer round por méritos propios y deja al Cartagena con una papeleta difícil, pero no imposible. Solo queda un partido para acabar la temporada y el equipo cartagenerista podría besar el cielo con el ascenso o perderlo todo en casa, en el Cartagonova y ante un campo que se presume lleno el próximo domingo.
La Opinión

FC Cartagena 1-0 RC Celta B

El FC Cartagena ha conseguido una vida extra para optar al ascenso a Segunda División. La victoria por la mínima ante el Celta B le dio el empujoncito que necesitaba para volver a una eliminatoria en la que lo que está en juego es el salto al fútbol profesional.
Tras el gran cataclismo vivido en Majadahonda, el equipo albinegro consigue de nuevo que los próximos 180 minutos sean una lucha a cara de perro por lograr lo que todo el año se ha propuesto como meta. Si a la primera no pudo ser tras unos últimos treinta segundos fatídicos, todo podría cambiar en la eliminatoria que tendrá que disputar a partir del próximo fin de semana. Es el Extremadura, viejo conocido por los seguidores ya que ha quedado cuarto en el Grupo IV, el que se disputará con los albinegros ese soñado ascenso.
La ida se jugará en Almendralejo y el partido de vuelta será dentro de dos semanas en el Cartagonova. El estadio, al menos este domingo, fue determinante para que el conjunto cartagenerista siga vivo y coleando. Un tanto nada más comenzar el choque fue más que suficiente para las huestes locales, que no tenían otra que ganar el partido si querían optar a algo más y no marcharse de vacaciones tan pronto.
El tanto de Gaspar en una falta muy bien lanzada, supone que la moral vuelva a un equipo que ha tenido que sufrir durante dos semanas pensando en el autogol del Cerro del Espino.
Lo más complicado era tratar de levantar la moral en esos difíciles momentos y salvar el escollo de un Celta B que a pesar de acabar cuarto de su grupo, no tenía intención de ponerlo fácil. Es más, este bloque entrenado por Rubén Albés ha sido más complicado que el Rayo Majadahonda, por tratar de poner en práctica un fútbol más vertical y tener más recursos de medio campo hacia arriba. El bloque gallego fue valiente en la ida y trató de serlo en la vuelta, con la pelota como arma fundamental.
El Cartagena vio cómo el marcador se le puso a favor pronto y a partir de ese momento le costó sujetar el esférico ante un oponente que lo quiso para él solo.
El filial celtiña se propuso desde el primer instante fútbol ofensivo y no tardó más de un minuto en demostrarlo. A los 20 segundos un centro al segundo palo, tras robo de balón sobre Mejías, lo remataba Juan Hernández flojo y Pau Torres lo mandaba a línea de fondo.
Pero aunque los gallegos no iban a desistir en su estilo para tratar de marcar, el que se puso por delante fue el Cartagena en el minuto cuatro y gracias a un fantástico libre directo con la zurda bien ejecutado por José Gaspar. La falta se produjo cuando Aketxe pugnaba con Juan Antonio Ros -el cartagenero del bloque gallego- un balón largo y el segundo lo trabó con un codazo. Gaspar no podía hacerlo mejor para poner por delante a los suyos y dar cierta tranquilidad a la parroquia albinegra.
Pero el bloque dirigido por Rubén Albés no podía modificar ni un ápice su modelo porque un gol seguía metiéndole en la última fase.
El equipo de Monteagudo perdió el medio campo porque los jóvenes del bloque céltico andaban más rápidos y hacían circular el balón con mayor fluidez. Al Cartagena le costaba sacar su fútbol porque casi siempre se encontraba corriendo tras el esférico. Por ello los laterales no subían como nos tienen acostumbrados ni había fútbol por dentro, porque Chavero recogía demasiado atrás y no tenía profundidad.
Al poco de cumplirse el cuarto de hora el Cartagena se quedó sin uno de los jugadores más importantes de esta ronda de clasificación para la final por el ascenso: Cordero se retiraba con un problema en los isquiotibiales y Diego Benito tuvo que ocupar su posición. El bloque albinegro ganaba con dos peloteros en ese lugar, pero perdía fuerza ahí, ya que el andaluz ha sido hasta ahora el jugador para todo en medio campo y su trabajo de recuperación y desgaste ha hecho más fuerte defensivamente hablando al Cartagena.
Los locales trataban de martillear al oponente a balón parado, a sabiendas de que están mejor armados y por ahí llegaron las mejores ocasiones de la primera parte tras el gol de Gaspar.
Rubén Cruz lo intentó en el minuto 19 con un remate de cabeza algo picado tras un saque de esquina que se marchó fuera por poco. Luego fue Aketxe, en el minuto 23, quien lo intentó con otro cabezazo en una falta botada al borde del área y que también se iba alto. Los de Albés tocaban y salían buscando siempre a su hombre 'franquicia', Brais Méndez. El delantero pontevedrés ha disputado esta temporada 20 partidos en Primera División y ofrecía siempre con el balón en los pies destellos de calidad, bien en el uno contra uno o en un pase picado al área.
El primer lanzamiento del bloque celtiña llegó en el minuto 28 con un zapatazo de Brais que Pau detuvo sin dificultad. El Celta B tocaba bien, pero el Cartagena sujetó defensivamente hablando, a los jóvenes del filial con una defensa en bloque armada.
En el minuto 40 Dennis tuvo la mejor ocasión de los visitantes al encontrarse un pase filtrado dentro del área que remató ante la oposición de Mejías y Álvaro, con un chut que salió pegado al poste derecho de la meta de Pau Torres. Fue la mejor ocasión para los gallegos en la primera parte, aunque el Cartagena pudo contrarrestar en el tiempo añadido de este primer periodo con un gran testarazo de Rubén Cruz, gracias a un perfecto servicio de Óscar Ramírez. El cabezazo llevaba camino de la red pero Dani Sotres hizo una gran estirada para evitarlo y marcharse al descanso con esa ventaja mínima de los albinegros.
En la segunda parte el FC Cartagena saltó con cierto mordiente en unos pocos minutos, pero pasado el cuarto de hora se había vuelto a echar para atrás bajo el dominio de un Celta B que empezaba a verle las orejas al lobo. Los albinegros no avanzaban y el preparador dio entrada a Owusu por Ruibal, desaparecido otro partido más.
El Celta B subió la intensidad y en el último cuarto de hora intentó poner balones cerca de la meta de Pau . Moisés y Mejías estuvieron de nuevo perfectos en el eje de la defensa. El segundo evitó un remate de Dennis en el 75' que llevaba mucho peligro a la meta albinegra.
En el 80' llegó una gran ocasión para el Celta B, con despeje de Pau tras disparo de Brais y Dennis, solo, remataba fuera.
De ahí al final ya no se jugó mucho más, porque el Cartagena ha aprendido bien la lección y no lo permitió con pérdidas de tiempo y artimañas para parar el partido.

Ahora les espera una nueva final, otra vida extra que no deben desperdiciar.
La Opinión

RC Celta B 0-0 FC Cartagena

Al terminar el encuentro entre el Celta B y el FC Cartagena Alberto Monteagudo y Paco Belmonte, entrenador y presidente de la entidad, se encargaron de recordar que de los últimos siete encuentros que el equipo gallego ha jugado en su casa ha ganado seis y empatado solo uno. Este dato les servía como argumento para valorar como muy positivo el empate sin goles que cosechaba el bloque albinegro en el campo de Barreiro en la ida de la segunda eliminatoria por el ascenso a Segunda División.
Uno de los aspectos más importantes era conocer si el equipo albinegro había conseguido retomar el pulso a esta fase definitiva, después del doloroso partido ante el Rayo Majadahonda que finalizó con un 1-0 en el tiempo añadido y con el gol encajado en propia puerta, como todos los seguidores albinegros seguro que aún conservan en sus retinas.
Pues parece claro que a los albinegros no les afectó, defensivamente hablando, este gran contratiempo que vivieron en el Cerro del Espino y ofrecieron en el campo del filial gallego una aceptable, imagen con un empate sin goles que deja la eliminatoria abierta, aunque en este caso todo se dilucidará en el Cartagonova el próximo domingo a partir de las seis y media de la tarde.
Los de Alberto Monteagudo apuestan, por tanto, por la victoria en casa, donde en la segunda vuelta de la competición liguera han mejorado sus números y se han mostrado como un bloque seguro y firme. Solo en tres partidos no anotaron, aunque no pierden en su cancha desde aquel 0-1 recibido en la jornada 27ª ante el Marbella.
El de Vigo era un partido complicadísimo para los cartageneros, en un campo estrecho y con un filial con un fútbol vertical y alegre. El bloque celeste tiene recursos en ataque y confía en la calidad de jugadores como Juan Hernández, Drazic, Brais Méndez o Dennis Eckert -algunos de ellos con plaza en el primer equipo-, para poner en un brete a cualquier defensa.
Precisamente la contundencia defensiva ayer del bloque albinegro anuló en muchos momentos la posibilidad de los atacantes locales. El preparador cartagenerista apostó de nuevo por un equipo bien arropado atrás, con los carriles para Álvaro y Abalo -ayer recuperó la titularidad y ofreció una grata imagen tras tres meses sin jugar ni un minuto- y tres centrales que sujetaron bien a los futbolistas de arriba. El técnico del bloque albinegro se siente cómodo con este planteamiento, sobre todo a domicilio, en esta fase en la que un gol recibido es media eliminatoria perdida y a los jugadores no les desagrada ni mucho menos. Eso sí, le faltó a los de Cartagena movilidad en la segunda línea de ataque, ya que Hugo Rodríguez y Aitor Ruibal no estuvieron ayer a la altura. Control y pase fueron quizá la nota discordante de un Cartagena que golpeó cada ataque de los locales con otra acción de peligro en la meta de Sotres.
La primera del encuentro fue una acción por banda derecha del Celta de Vigo B, con un centro de Dennis Eckert y un buen remate de Juan Hernández, que se adelantaba a los defensores con un testarazo que se marchó alto por poco.
El bloque local volvió a la carga en un fallo de Zabaco, que cedió al meta Pau Torres, pero lo hizo demasiado flojo y Dennis Eckert, atento, fue a la caza del esférico, aunque en esta oportunidad el meta albinegro anduvo rápido y evitó el estropicio.
El Cartagena lo intentó en la siguiente acción con un lanzamiento en largo de Chavero a la subida de Abalo, que se plantó en la portería local solo, pero no llegó bien al envío y solo pudo tocar el esférico mínimamente.
Ambos equipos querían tener el balón y éste se repartía en su posesión para unos y otros sin un claro dominador. Los de Monteagudo buscaban las triangulaciones por dentro y los albicelestes la espalda de los defensores visitantes.
En una acción que llegaba tras un centro de Ruibal por la izquierda, Chavero recibía el balón solo pero con muchas piernas por delante para disparar a portería. El barcelonés, que podía armar la pierna y pegar con dureza, prefirió buscar el agujero por donde colocarla, pero se entretuvo tanto que esa clara ocasión se diluyó con un balón que llegó mansamente a las manos del meta tras tocar un defensor.
Aketxe lo quiso intentar de lejos con un chut raso pero peligroso en el 33' y el portero Sotres detuvo con el cuerpo en tierra. Luego fue Chavero con otros dos lanzamientos desde fuera del área (34 y 44), pero ambos se marcharon alto.
Drazic tuvo la última antes del descanso con otro chut alto desde fuera del área.
El Cartagena había sabido aguantar bien el empuje del Celta B y se marchaba al vestuario con un buen sabor de imagen porque no solo estuvo firme atrás, tal y como era de esperar, sino que también se hizo un hueco de medio campo hacia arriba, mostró sus garras y gozó de ocasiones para haber metido el miedo en el cuerpo a los jóvenes jugadores gallegos.
En la segunda parte, el bloque local salió más enchufado y apretó las clavijas de los cartageneristas sobre todo en el arranque del mismo. Dos errores en la salida de balón de Josua Mejías pusieron en un brete a la bien posicionada defensa albinegra.
En el minuto 48 Alex Serrano se marchaba camino de la portería de Pau Torres después de un error en el pase y la transición del venezolano, que dejó desguarnecida su posición. El jugador celtiña tenía varias opciones a ambos lados, pero decidió disparar raso y el esférico salió rozando el palo.
Los locales quisieron volver a dominar al Cartagena anticipándose en medio campo y buscando sobre todo a Brais Méndez, que cogió los galones del equipo y buscó el uno contra uno para desbordar y aclarar la nutrida defensa cartagenerista.
En el minuto 67 un pase filtrado para Dennis Eckert acabó con un disparo fuera del atacante, que no supo darle cierto efecto al balón, en una buena pelota servida desde la derecha.
Brais Méndez fue quien lo intentó a continuación con un libre directo algo escorado que Pau Torres despejó con los puños tras un fuerte chut del jugador local.
Para entonces el preparador cartagenerista había dado entrada a Rubén Cruz y Owusu. Hugo Rodríguez se marchó del campo algo contrariado, pero el propio entrenador no se mostró demasiado contento con el trabajo de su futbolista ni con la participación de Aitor Ruibal por la otra banda.
Ambos estuvieron demasiado aislados, poco participativos y haciendo la guerra por su cuenta.
Owusu salió en el carril izquierdo con la intención de buscar los balones en largo para sacar partido a su punta de velocidad y, sobre todo, a su desborde, mientras que Rubén Cruz trataba de fijar a los defensores locales y cazar algún centro que le llegara desde los costados. No obstante, no se prodigaron mucho los albinegros por las bandas, por lo que ni Aketxe ni Rubén Cruz, en el tiempo que estuvo en el campo, tuvieron oportunidad alguna para enganchar algún balón aéreo.
En el minuto 82 el portero local despejaba mal un balón en un costado y Owusu lo recogió y disparó con rapidez para sorprender a la defensa. Lo hizo con el pie muy bien orientado de cara a portería, pero algo flojo y aunque superó al cancerbero, no pudo evitar que el cartagenero Juan Antonio Ros lo despejara cuando iba camino de la red.
Cuando el partido estaba languideciendo, el Celta B gozó de la última ocasión clara para ponerse por delante. Drazic mandó un duro disparo desde fuera del área y el esférico se marchó fuera por poco. El balón iba bien colocado y con rapidez, lo que hubiera sorprendido a Pau Torres si se encamina hacia los tres palos.

Los albinegros aguantaron bien los cinco minutos de añadido y ahora tendrán otros noventa, como mínimo, para solventar la papeleta en su campo, donde querían tener la eliminatoria. No cabe otra que ganar para seguir pensando que el ascenso es posible aún.
La Opinión

Rayo Majadahonda 1-0 FC Cartagena

En estos coletazos finales de la temporada futbolística, los sentimientos afloran como nunca y el éxito o el fracaso se viven con una intensidad por encima de cualquier explicación a la que se busque la lógica o el razonamiento.
El Cartagena vivió uno de esos momentos que recuerdan los aficionados para toda la vida y que, probablemente, les gustaría borrar para siempre. Un gol encajado a 30 segundos de cumplirse el minuto 97, hasta donde había marcado el colegiado como final del partido, supuso la cruel vivencia de una situación que ni el menos optimista de los aficionados podría haber planificado.
Con el empate, el Cartagena estaría ahora festejando el ascenso, pero sobró ese maldito instante en el que el partido parecía condenado a languidecer en un 0-0, cuando en un saque de banda y un balón peinado hacia atrás, la defensa vio como el esférico llegaba para ser controlado y mandar un fantástico zapatazo que hubiera supuesto el final del partido. Pero no fue así, el guionista cambió el desenlace y Zabaco tocó con la cabeza en el lugar y en el momento que no debía para mandar el esférico al fondo de la red.
Ese giro inesperado de la película en el Cerro del Espino supuso uno de los mazazos más terribles que ha vivido este FC Cartagena y su afición en su historia. No sabría compararlo con ningún otro porque además de ser tan reciente, los albinegros tocaban casi con las dos manos el empate y, por ende, el ascenso.
Ellos, los protagonistas, lo llamaron crueldad, pero cualquier adjetivo es poco para explicar esa sensación de vacío, como si el tiempo se detuviera cuando el balón entraba irremediablemente al fondo de la portería y Pau observara, impotente, que todo ese sufrimiento durante los 90 minutos se le echaba encima como una pesada losa imposible de levantar.
El Cartagena vivió en el alambre, en un equilibrio controlado, pero aunque daba los pasos muy medidos para no caer, se le olvidó poner la malla para evitar el desastre. Y esa malla salvadora la pudo asir unas cuantas veces, en la primera y, sobre todo, en la segunda parte, en forma de ocasiones claras de gol. Un tanto en las oportunidades de Rubén Cruz, Aketxe, Moussa u Owusu hubiera sido más que suficiente. Perdonó demasiado, tanto que eso acabó mortificándolos con un tanto tan lleno de infortunio como de desesperación.
Unos pocos segundos después, el Rayo Majadahonda era el equipo que alcanzaba el cénit y pegaba el brinco que todos esperaban para jugar el año que viene en Segunda División. El bloque albinegro dejó escapar una ocasión inmejorable, casi única, para entrar por la vía rápida en Segunda por esta eliminatoria y ahora le espera otra travesía, esta más larga, con cuatro partidos por en medio y dos rivales por el camino para tratar de que la pesadilla vivida en Cerro del Espino se quede en una anécdota.
Alberto Monteagudo había advertido en la previa que no había previsto plan B, C o D para los contratiempos que pudieran ir surgiendo a lo largo del encuentro o si el marcador jugaba o no a favor. Pero lo cierto es que tuvo que cambiar sobre la marcha antes de empezar, debido a que Óscar Ramírez no pasó el test en el calentamiento -se lesionó en el entrenamiento del día anterior- y Hugo Rodríguez, vestido de corto pero junto al resto de suplentes, tuvo que cambiar rápidamente el chip para ponerse a calentar y prepararse para ocupar el carril derecho.
El técnico manchego quería mucha fortaleza atrás y por eso había previsto jugar con un 5-3-2, con tres centrales (Mejías, Moisés y Zabaco). Con este sistema el Cartagena había obtenido muy buenos resultados en el play off del año pasado. Ganó la primera eliminatoria así, dotándole de fortaleza de medio campo hacia atrás.
El técnico podría haber variado, pero decidió sacrificar a Hugo en su posición, retrasarlo y que el equipo siguiera muy junto para evitar que De Frutos, el hombre referente del bloque majariego, les pudiera coger la espalda.
Los albinegros salieron bien en los primeros instantes del choque, evitaron una reacción en tromba de los locales y hasta incluso tuvieron la mejor ocasión del choque a los ocho minutos del mismo. Una peinada de Aketxe dejaba a Rubén Cruz solo delante del guardameta local, pero su disparo, mal dirigido, lo repelía el cancerbero con la rodilla. El equipo albinegro advertía, no se iba a dejar someter y el gol era una rampa enorme hacia el ascenso a Segunda División.
El Rayo Majadahonda seguía en sus trece de tratar de salir con un fútbol plano y buscando a De Frutos a la espalda de los centrales. Pero Moisés y Zabaco iban muy bien en las ayudas e impedían que el atacante tuviera un metro donde poder revolverse. El bloque local no inquietaba, la verdad es que no llegó a hacerlo en ningún momento del partido.
Todos sabían el punto fuerte de los majariegos, por lo que el trabajo de desgaste de medio campo hacia atrás fue sobresaliente. Nadie en el Cartagena quería un empate a cero para no tener que sufrir en los últimos minutos, pero primero había que desgastar al rival, que perdiera fuerza, triangulación y velocidad y, una vez desgastado, hincarle el diente a la contra.
Terminada la primera parte y con empate a cero, la situación mejoraba cada paso que daban los cartageneristas. El Rayo Majadahonda no sabía cómo jugar a un Cartagena muy bien plantado en el campo, con un tremendo trabajo defensivo de Cordero en el círculo central y un impecable esfuerzo de Moisés y Zabaco, que desesperaban a los puntas locales. Hugo Rodríguez tuvo que sacrificar su vocación ofensiva para tapar las llegadas por la derecha de Coto, primero, y Jeison en la segunda parte. El jerezano salvó con un notable su juego, al igual que Jesús Álvaro, menos participativo arriba pero muy contundente atrás.
El equipo madrileño dominaba con un fútbol demasiado previsible, con el que se iba desgatando en cada acción al no encontrar los huecos ni la forma de penetrar en la defensa albinegra. Aketxe y Rubén Cruz les tocaba desempeñar otro papel mucho menos vistoso y más solidario y Ruibal se desfondó hasta ser sustituido por Sergio Jiménez. Antes, el entrenador albinegro había puesto en escena a Owusu. Al africano le tocaba ahora asumir su papel, aprovechar su dribling y punta de velocidad para plantarse delante del meta local. En los últimos diez minutos el Cartagena tuvo varias para anotar el gol y marcharse a casa por la puerta grande. Aketxe la tuvo en el minuto 81 con un disparo a la cruceta tras un libre directo. Luego llegaron las contras con el Majadahonda ya muy arriba de Moussa, Chavero y Owusu. El primero se plantó por velocidad solo ante el cancerbero local, pero se le hizo de noche y cuando tocaba disparar vio cómo el balón se le marchaba a trompicones fuera.
El centrocampista barcelonés también avanzó a zancadas en otra contra en la que al llegar al área cedía demasiado fuerte a Owusu. Éste no pudo controlar y la oportunidad se perdió cuando todo estaba acabando. El Cartagena había impedido casi durante toda la segunda parte que se jugara a nada o, más bien, que el rival pudiera tener la más mínima continuidad en su fútbol. Las pérdidas de tiempo provocaron que el tiempo añadido se fuera hasta los siete minutos.
Ante un Majadahonda ya a la desesperada, los albinegros se mostraron tan firmes como al principio siempre. Siempre hasta que se cumplía el minuto 96 y 30 segundos con un balón al área desde saque de banda con peinada hacia atrás y la cabeza de Zabaco que introduce el balón a la red.

Todo se fundió en negro. Tumulto en el campo, Sergio Jiménez expulsado tras perder los nervios con un rival, tangana de jugadores y la afición local ya celebrándolo. No había tiempo para más. El destino volvía a ser de lo más miserable para el Cartagena.
Lágrimas, muchas lágrimas dentro y fuera del campo, y en la distancia en Cartagena, con miles de aficionados que pegados a la pantalla empalidecían al ver cómo en un chasquido el sueño caía al negro pozo de la impotencia. Dice el tópico que el fútbol es así, tan cruel como maravilloso. Ayer a los albinegros les tocó beber el sorbo más amargo que el fútbol es capaz de preparar.
La Opinión